Desnutrición relacionada con la enfermedad: invertir en enfermeras nutricionales mejora el cuidado

Marilourdes de Torres, enfermera y responsable de cuidados nutricionales en el Consejo General de Enfermería, reclama atención urgente sobre un problema clínico y social que suele pasar desapercibido: la desnutrición vinculada a la enfermedad. En el marco de la Semana de la Desnutrición Relacionada con la Enfermedad (DRE) comparte cómo se detecta, qué herramientas existen y por qué su abordaje exige cambios organizativos y mayor inversión sanitaria.

Sus observaciones subrayan que la DRE no es una cuestión aislada del individuo: afecta a la calidad de vida, complica la evolución clínica y tiene un impacto directo en la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud. A continuación se desarrollan los aspectos claves sobre diagnóstico, intervención enfermera, criterios internacionales y retos para los próximos años.

Qué es la desnutrición relacionada con la enfermedad y por qué importa

La desnutrición asociada a procesos patológicos es un trastorno de la composición corporal que se produce cuando el aporte de nutrientes no satisface las necesidades del organismo, ya sea por menor ingesta, mala absorción o aumento de requerimientos. Este estado reduce la capacidad funcional del paciente y empeora su pronóstico clínico, en muchos casos por la confluencia de dos mecanismos principales: la falta de nutrientes y la respuesta inflamatoria ligada a la enfermedad.

Se trata de un problema de salud pública: la DRE genera costes sanitarios significativos y, según cálculos comparativos, puede implicar un gasto superior al de la obesidad y el sobrepeso juntos en el sistema sanitario. Por ello, reconocerla y actuar precozmente es una inversión tanto en salud como en eficiencia económica.

El papel de la enfermería en el diagnóstico y seguimiento nutricional

La enfermería aporta una mirada integral y continuada sobre el paciente, fundamental para la detección y el manejo de la DRE. Desde el primer contacto, las enfermeras realizan cribados, valoraciones y seguimiento que permiten anticipar complicaciones y coordinar intervenciones con el equipo multidisciplinar.

Lea también  Análisis de sangre predice riesgo de trombosis en arritmia

Funciones clave de enfermería

  • Realizar cribado nutricional sistemático en entornos hospitalarios, residenciales y de atención primaria.
  • Monitorizar cambios en peso, ingesta y masa muscular y documentar la evolución.
  • Promover la adherencia a las recomendaciones nutricionales y educar a pacientes y cuidadores.
  • Coordinar cuidados y derivaciones a nutricionistas, rehabilitadores y médicos.

La continuidad asistencial y la implementación de protocolos estandarizados son esenciales para que la labor enfermera aporte valor: sin cribado universal y sin equipos cualificados, la detección precoz queda limitada y los resultados empeoran.

Criterios GLIM: cómo ha cambiado el diagnóstico de la DRE

En 2016, varias sociedades internacionales de nutrición propusieron un marco común para diagnosticar la desnutrición en adultos en entornos clínicos. Esta guía, conocida como criterios GLIM, busca homogeneizar la identificación de pacientes desnutridos mediante una secuencia clara y aplicable tanto en hospitales como en la comunidad.

Fases del proceso diagnóstico según GLIM

  1. Aplicación de una herramienta de cribado validada para identificar riesgo nutricional.
  2. Confirmación diagnóstica combinando al menos un criterio fenotípico y uno etiológico.
  3. Estadificación de la severidad en función de la pérdida de masa muscular, peso y otros indicadores.

Estos criterios priorizan la valoración de la masa muscular y la presencia de procesos inflamatorios, aspectos que condicionan la respuesta a la terapia nutricional y a los cuidados clínicos.

Indicadores prácticos: qué evalúan las enfermeras en el cribado

En la práctica diaria, el cribado dirigido por enfermería incorpora medidas sencillas y reproducibles que permiten decidir si un paciente necesita valoración nutricional completa o intervención.

  • Índice de masa corporal (IMC) como referencia inicial.
  • Pérdida de peso no intencional: criterios frecuentes son pérdidas del 5–10 % en 6 meses o mayores porcentajes en períodos más largos.
  • Reducción de la ingesta o problemas de absorción que afectan al aporte calórico y proteico.
  • Presencia de enfermedades agudas o crónicas con componente inflamatorio que aumentan los requerimientos energéticos.

Estos indicadores facilitan la comunicación entre enfermería, medicina y nutrición clínica y permiten activar planes de cuidados y tratamientos nutricionales adecuados.

Intervenciones y modelos de cuidados basados en evidencia

Los cuidados nutricionales enfermeros incluyen desde la educación sobre la dieta hasta la supervisión de suplementos orales y la gestión de soporte nutricional enteral o parenteral cuando procede. Su trabajo se apoya en el ciclo de mejora continua (Planificar-Hacer-Verificar-Actuar) para garantizar calidad y seguimiento.

  • Implementación de programas de cribado universales en todos los niveles asistenciales.
  • Protocolos de intervención temprana para pacientes identificados en riesgo.
  • Registro y monitorización de resultados nutricionales y funcionales.

La coordinación interprofesional es determinante: sin rutas claras entre Atención Primaria, hospitalaria y sociosanitaria, los pacientes pierden continuidad en su tratamiento nutricional.

Inversión en salud: por qué detectar la DRE es rentable

Invertir recursos en cribado, formación de enfermería y programas de intervención nutricional reporta beneficios sanitarios y económicos. La Organización Mundial de la Salud remarca la relación entre salud poblacional y desarrollo económico; en el caso de la DRE, actuar reduce estancias hospitalarias, complicaciones y reingresos.

La rentabilidad se observa cuando la detección temprana evita la progresión de la pérdida muscular y la debilidad, mejorando la recuperación funcional y disminuyendo costes asociados a complicaciones y dependencia.

Retos actuales y prioridades para abordar la DRE

Las barreras para combatir la desnutrición ligada a la enfermedad son múltiples y requieren respuestas concretas a nivel político, técnico y profesional.

Principales desafíos

  1. Desconocimiento y falta de visibilidad: la DRE no suele ser priorizada por decisores ni por parte de la industria alimentaria, que en ocasiones promociona productos no adaptados a pacientes vulnerables.
  2. Necesidad de reconocer la diversidad de perfiles con DRE: pacientes con enfermedades crónicas, agudas, ancianos frágiles y otros grupos con riesgo específico.
  3. Implementación desigual del cribado nutricional: todavía no es mandatorio ni homogéneo en todas las comunidades autónomas y centros sanitarios.
  4. Escasez de enfermeras cualificadas dedicadas a educación y seguimiento nutricional, imprescindible para asegurar la efectividad del cribado.

Frente a estos retos, la propuesta de expertos es clara: integrar a los profesionales asistenciales en el diseño de políticas nutricionales, ampliar la formación específica en cuidados nutricionales y establecer la obligatoriedad del cribado en todos los ámbitos de atención.

Acciones concretas que elevan la calidad asistencial en nutrición

  • Homologar herramientas de cribado y protocolos de actuación adaptados a cada nivel asistencial.
  • Dotar de recursos humanos y materiales a Atención Primaria para el seguimiento comunitario.
  • Fomentar la investigación sobre intervenciones nutricionales que combinen terapia nutricional con medidas antiinflamatorias cuando proceda.
  • Promover campañas de sensibilización dirigidas a gestores, clínicos y población general sobre el impacto de la DRE.

Artículos similares

Califica este artículo

Deja un comentario

Share to...