Muchas personas repiten como un mantra que conviene beber “dos litros de agua al día”. Es una pauta sencilla que se ha instalado en la cultura popular, pero varias enfermeras expertas en nutrición advierten que esa cifra no es una regla universal. En una publicación divulgativa vinculada al Consejo General de Enfermería, profesionales de la Asociación de Enfermeras de Nutrición y Dietética (Adenyd) explican por qué la recomendación fija puede engañar más que ayudar.
La realidad es que la cantidad de líquido que necesita cada persona varía por múltiples razones: edad, estado de salud, actividad física y temperatura ambiental entre otras. A continuación se detallan las claves para entender la hidratación desde una perspectiva práctica y científica, y cómo ajustar nuestro consumo según las circunstancias personales.
Cuánto agua recomiendan las autoridades y qué significa eso
Las agencias científicas ofrecen orientaciones que buscan cubrir las necesidades de la mayoría de la población, pero no dictan una norma rígida para cada individuo. Por ejemplo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) sugiere una ingesta total de líquidos para adultos en torno a 2 a 2,5 litros al día. Es importante saber que esa cifra incluye tanto las bebidas como el agua que aportan los alimentos.
Según estimaciones, aproximadamente el 75–80 % de ese volumen procede de las bebidas y el resto llega a través de alimentos ricos en agua. Por tanto, afirmar que hay que beber exactamente “dos litros” omite la contribución de frutas, verduras y otros alimentos húmedos en la dieta diaria.
El papel del agua en el organismo: un nutriente imprescindible
El agua mantiene funciones vitales: transporte de nutrientes, regulación de la temperatura corporal, lubricación de articulaciones y eliminación de desechos. Por ello, la comunidad científica considera el agua un nutriente esencial.
Fuentes alimentarias con alto contenido de agua
- Sandía y melón: hasta un 90–95 % de agua.
- Tomate: también muy rico en agua, habitual en ensaladas.
- Otras frutas y verduras como pepino, lechuga, naranja y fresas aportan cantidades significativas.
Incluir estos alimentos en las comidas incrementa la hidratación sin necesidad de beber todo el volumen en líquidos puros.
Cómo regula el cuerpo el equilibrio hídrico
El organismo dispone de mecanismos fisiológicos muy eficientes para conservar agua y avisar cuando es necesario reponerla. La sensación de sed es la señal más conocida, pero hay otros ajustes automáticos: concentración de la orina, variaciones en la sudoración y modificaciones en el metabolismo del agua.
Cada día perdemos líquido por distintas vías:
- Respiración
- Sudor
- Orina
- Heces
En condiciones normales estas pérdidas se compensan con ingesta. Cuando no ocurre, aparece la deshidratación, cuyo grado puede ir desde leve hasta severo.
Quiénes necesitan prestar más atención a la hidratación
Aunque cualquier persona puede deshidratarse, existen colectivos con mayor riesgo y que requieren vigilancia particular:
- Bebés y niños pequeños: su proporción corporal de agua y la rapidez con que pierden líquido los hace más vulnerables.
- Personas mayores: la sensación de sed puede estar disminuida y la capacidad de concentrar orina cambiar con la edad.
- Deportistas y trabajadores en ambientes calurosos: el ejercicio intenso y las altas temperaturas aumentan las pérdidas por sudor.
- Personas con enfermedades crónicas o en tratamientos que afectan el equilibrio hídrico.
Las enfermeras de Adenyd señalan que, en estos grupos, la reposición de líquidos debe ser más proactiva y adaptada a la situación concreta.
Indicadores prácticos para ajustar la ingesta de líquidos
Medir con exactitud cuánto necesita una persona no siempre es sencillo, pero hay señales útiles para orientar la conducta diaria:
- Color de la orina: una orina clara suele indicar buena hidratación, mientras que tonos oscuros pueden señalar déficit.
- Sensación de sed: es un mecanismo fiable, aunque en ancianos puede estar menos presente.
- Frecuencia y volumen de la orina: cambios bruscos pueden apuntar a modificaciones en el estado hídrico.
Adoptar estos indicadores junto con las recomendaciones generales de salud permite individualizar la cantidad de líquido que conviene consumir, sin depender exclusivamente de una cifra fija.
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Inés Redondo es una periodista especializada en salud y bienestar. Explica de manera sencilla los avances médicos y comparte consejos prácticos para mejorar la calidad de vida.






