En España, millones de personas conviven con el dolor que no desaparece: aquel que se instala durante meses y transforma rutinas, relaciones y expectativas. Profesionales sanitarios y pacientes reclaman más visibilidad, mejores protocolos y un protagonismo real de la enfermería en la atención y seguimiento de estos casos crónicos.
En un seminario organizado por el Instituto Superior de Formación Sanitaria (ISFOS) del Consejo General de Enfermería, con la colaboración de Medtronic, expertos compartieron experiencias y propusieron medidas para que el Sistema Nacional de Salud reconozca y mejore la respuesta ante el dolor crónico, una condición que produce impacto físico, emocional y social y que afecta con mayor frecuencia a mujeres, personas mayores y pacientes con múltiples comorbilidades.
El alcance del dolor crónico: un problema sanitario y social
Hablar de dolor crónico es hablar de millones de historias que a menudo no reciben un nombre o un diagnóstico rápido. Aunque existe evidencia y encuestas que cuantifican el problema, persiste una brecha entre la prevalencia real y la atención que se presta. El dolor crónico debe ser reconocido como una enfermedad por derecho propio, no solo como un síntoma intermitente.
La mirada del especialista: subjetividad y complejidad del dolor
El dolor es una experiencia personal y variable: estímulos idénticos pueden generar respuestas muy diferentes entre dos personas. Por eso los expertos subrayan la dificultad para estandarizar evaluaciones y tratamientos. Esta subjetividad obliga a que el sistema sanitario combine criterios clínicos con la escucha activa para valorar adecuadamente cada caso.
Enfermería: proximidad, educación y liderazgo en la atención al dolor
Las enfermeras ocupan un papel central, no solo por su cercanía diaria con los pacientes, sino por su capacidad para detectar señales que a menudo pasan desapercibidas en consultas más breves. Su intervención abarca desde la valoración inicial hasta el acompañamiento continuo durante tratamientos complejos.
- Valoración integral: evalúan cómo el dolor afecta sueño, estado de ánimo, movilidad y autonomía.
- Educación y autocuidado: instruyen en higiene postural, técnicas de relajación y medidas físicas no farmacológicas.
- Monitorización de la medicación: explican efectos secundarios, refuerzan adherencia y coordinan ajustes con el equipo médico.
- Soporte a cuidadores: previenen la sobreprotección, detectan el agotamiento del cuidador y validan la existencia del dolor aun sin signos visibles.
Estas funciones permiten a las enfermeras liderar consultas específicas y diseñar planes que mejoran la seguridad y la experiencia del paciente, integrando la dimensión biopsicosocial del dolor.
Funciones concretas en unidades del dolor: experiencias desde los hospitales
Profesionales de distintas unidades describen un trabajo que combina técnica y humanidad. Desde Granada hasta Madrid, las enfermeras relatan cómo su labor educativa y de acompañamiento transforma la percepción del paciente sobre su enfermedad y facilita tratamientos complejos.
- Realización de valoraciones holísticas que van más allá del síntoma.
- Creación de planes de autocuidado y recuperación funcional.
- Coordinación con fisioterapia, psicología y anestesiología para un abordaje integrado.
Terapias avanzadas: por qué la enfermería es decisiva en neuroestimulación y bombas intratecales
Entre las opciones de tratamiento para el dolor refractario destacan las terapias avanzadas como la neuroestimulación y las bombas intratecales. En estos procesos, la participación de la enfermera es clave en varias fases:
- Información previa: explicar el procedimiento, expectativas y riesgos para facilitar una decisión informada.
- Acompañamiento durante el implante: soporte físico y emocional en el quirófano y en consultas postoperatorias.
- Seguimiento estructurado: control de dispositivos, ajustes, educación sobre señales de alarma y coordinación de revisiones.
El éxito de estas terapias depende tanto de la tecnología como del seguimiento y la gestión clínica que garantiza el equipo de enfermería.
Un abordaje multimodal: combinar recursos para mejores resultados
Los especialistas insisten en que no existe una única solución para el dolor crónico. El enfoque más eficaz es multimodal, integrando distintas líneas de actuación:
- Tratamiento farmacológico (analgésicos, coadyuvantes y, cuando procede, opioides).
- Intervenciones físicas y rehabilitadoras.
- Terapias intervencionistas (bloqueos, neuromodulación, bombas de infusión intratecal).
- Apoyo psicológico, especialmente terapias cognitivo-conductuales.
- Acciones educativas y de autocuidado promovidas por enfermería.
Un abordaje integrado reduce la discapacidad, el estrés y mejora la calidad de vida cuando todas las piezas —médicas, sociales y educativas— se coordinan eficientemente.
Formación y política sanitaria: inversiones necesarias para visibilizar el dolor
Los ponentes del seminario reclamaron mayor implicación institucional: desde campañas de concienciación hasta recursos formativos para profesionales. La formación especializada en dolor y terapias avanzadas, así como la ampliación de unidades específicas en hospitales, son pasos necesarios para atender a la población afectada.
- Capacitación continuada en manejo del dolor para enfermería y equipos multidisciplinares.
- Protocolos estandarizados que incluyan valoración biopsicosocial y rutas claras de derivación.
- Programas de apoyo a cuidadores y recursos comunitarios para reducir la carga familiar.
Impacto en el paciente: recuperación de funciones y dignidad en la atención
Más allá de aliviar el síntoma, el objetivo es recuperar la funcionalidad y preservar la dignidad de las personas que viven con dolor crónico. La labor enfermera, combinada con terapias avanzadas y un enfoque multimodal, persigue que el tratamiento sea efectivo, seguro y centrado en la experiencia del paciente.
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Inés Redondo es una periodista especializada en salud y bienestar. Explica de manera sencilla los avances médicos y comparte consejos prácticos para mejorar la calidad de vida.






