La vida de Nuria cambió en apenas dos segundos. Paseaba y conversaba con amigos en Barakaldo cuando un perro se lanzó a su rostro sin darle margen de reacción: primero la nariz, luego la boca. El animal arrancó un fragmento de su labio y parte de la encía, y lo que siguió fue una cadena de urgencias médicas, infecciones y tratamientos que hoy la mantienen sumida en una lucha por recuperar su cuerpo y su tranquilidad.
Lo que comenzó como un susto inmediato derivó en complicaciones mucho más profundas que la cirugía inicial. Además del daño físico, la secuela económica y emocional se ha convertido en otro frente: la compañía de seguros del propietario del perro se niega a adelantar el dinero para las intervenciones más costosas, lo que ha dejado a Nuria atrapada entre operaciones pendientes y facturas que no puede afrontar.
El ataque en Barakaldo y la intervención urgente
Los hechos ocurrieron el 6 de febrero de 2023. Según recuerda Nuria, la agresión fue inesperada y fulminante: el perro, aparentemente del vecino, se abalanzó sobre su cara mientras hablaba con conocidos. Tras forcejear para apartar al animal, sus amigos la llevaron al hospital donde los médicos realizaron una operación de urgencia para intentar reconstruir la boca.
En el quirófano le advirtieron que las lesiones eran graves y que podían generar secuelas importantes. Lo que en un primer momento pareció una valoración médica preventiva terminó confirmándose con el paso del tiempo: la afectación de tejidos y encía planteó problemas más allá de la cirugía primitiva.
Infección ósea, pérdidas dentales y operaciones sucesivas
Meses después del ataque apareció una complicación devastadora: una infección bacteriana que afectó al hueso. Esta infección obligó a extraerle todos los dientes hace aproximadamente un año y ha exigido varias intervenciones maxilofaciales adicionales.
- Infección que «devoró» tejido óseo: causó la pérdida dental completa y la necesidad de nuevas cirugías.
- Operaciones ya realizadas: intervención de urgencia inicial y una operación maxilofacial en junio, con un coste elevado.
- Futuras operaciones: varios procedimientos pendientes, incluyendo injertos de hueso y reconstrucción del maxilar.
El dolor es constante: describe sensaciones de picor, quemazón y punzadas que le acompañan las 24 horas del día. Además, la alimentación se ha reducido a purés, yogures y quesos frescos; perdió alrededor de 10 kilos y vivió meses sin poder besar a su marido. La suma del deterioro físico y las noches de angustia han afectado su salud mental hasta el punto de reconocer episodios en los que ha llegado a autolesionarse.
Facturas, deudas y el bloqueo de la aseguradora
El choque económico es tan importante como el físico. Tras la operación maxilofacial de junio, los costes ya ascienden a cerca de 14.000 euros. A esto se suma una intervención próxima presupuestada en torno a 16.000 euros. En total, antes de enero se enfrenta a una necesidad económica aproximada de 30.000 euros que no dispone.
Hasta ahora, Nuria calcula haber gastado otros 6.000 euros en tratamientos privados —incluyendo atención psicológica— porque no todo lo que necesita se cubre por la sanidad pública. La compañía de seguros del dueño del perro, sin embargo, se niega a adelantar los importes para los injertos óseos hasta que no se complete todo el tratamiento. Además, la aseguradora no responde a las cartas que ella les ha enviado.
- Operación de junio: ~14.000 €
- Operación próxima: ~16.000 €
- Gastos privados ya asumidos: ~6.000 €
La situación económica de la familia complica la posibilidad de asumir la deuda: Nuria es pensionista por una incapacidad laboral, su marido trabaja pero tienen una hipoteca que les ahoga y una hija estudiando. Aunque podrían solicitar un préstamo, consideran que no es viable vivir bajo esa presión financiera adicional.
Impacto psicológico y vida cotidiana tras la agresión
Más allá del tratamiento médico, la agresión ha dejado huellas en su día a día. Nuria trabajaba con la risa como rasgo: ahora llora al mirarse al espejo y ha perdido buena parte de su autonomía social. Explica que se siente triste y rota, y que muchas rutinas familiares se vieron alteradas por la vergüenza y el dolor.
La dependencia de alimentos blandos y la necesidad de más operaciones limitan su movilidad y el tiempo compartido con quienes quiere. Además, la necesidad de psicoterapia privada ha supuesto un gasto extra y una carga emocional continua.
Las peticiones de Nuria y las vías que baraja
Nuria reclama una respuesta y una solución por parte de la aseguradora: pide que se adelanten los fondos necesarios para proseguir con las operaciones que le permitan reconstruir la boca. Su mensaje es claro: «No es justo», insiste, porque se trata de reparar un daño que ella no causó.
Entre las alternativas que se plantean están:
- Reclamar formalmente a la aseguradora con mediación o vía administrativa.
- Iniciar acciones legales para reclamar la responsabilidad civil del propietario del animal.
- Buscar recursos sociales o asistencia jurídica gratuita que puedan apoyar la tramitación de la reclamación.
De momento, la falta de respuesta de la compañía y la acumulación de operaciones pendientes mantienen a Nuria en una situación de incertidumbre médica y económica, con el reloj corriendo hacia plazos y facturas que deberá afrontar si no recibe el apoyo prometido por la póliza del perro.
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Álvaro Segarra es un periodista que sigue de cerca la actualidad española. Sus artículos abordan sociedad, cultura y eventos nacionales con un estilo directo que permite a los lectores comprender los temas del país.






