Este Día Mundial de las Heridas vuelve a poner sobre la mesa una realidad muchas veces silenciada: las lesiones cutáneas y crónicas suponen una carga sanitaria significativa en España y en toda Europa. Tras décadas de avances médicos, las heridas siguen afectando a la calidad de vida de miles de personas, tensionando recursos y obligando a replantear prioridades en prevención, diagnóstico y cuidados.
El envejecimiento poblacional, el aumento de la cronicidad y la falta de datos uniformes convierten el manejo de las heridas en un reto asistencial urgente. Profesionales sanitarios, asociaciones científicas y responsables políticos reclaman mayor visibilidad y medidas prácticas que reduzcan tanto la incidencia como las complicaciones asociadas.
Impacto sanitario: cifras que obligan a actuar
Las cifras disponibles muestran la magnitud del problema y por qué las heridas deben figurar en las agendas sanitarias. En términos económicos y asistenciales, estas lesiones consumen recursos y prolongan estancias hospitalarias, además de reducir la calidad de vida de los afectados.

- En Europa, aproximadamente el 4% del gasto sanitario se destina a cuidar a pacientes con heridas.
- En España, entre el 27% y el 50% de los pacientes hospitalizados presentan algún tipo de herida durante su ingreso.
- Entre las personas con diabetes, entre el 15% y el 25% desarrollan una úlcera en el pie a lo largo de su vida, y de estos casos el 80% corre riesgo de una amputación no traumática si no se interviene de forma adecuada.
Pie diabético: una complicación con alta mortalidad y riesgo de amputación
El pie diabético merece un apartado propio por su gravedad y por la frecuencia con la que desemboca en procedimientos drásticos. Cada año, millones de personas en el mundo sufren úlceras relacionadas con la diabetes; en España, la prevalencia de diabetes en adultos alcanza cifras importantes, convirtiendo al pie diabético en una de las principales causas de amputaciones no traumáticas.
Además del impacto funcional, las consecuencias en supervivencia son alarmantes:
- La mortalidad a cinco años tras una úlcera de pie diabético puede situarse en torno al 49,1%, comparable a la de algunos cánceres frecuentes.
- Si el paciente sufre una amputación mayor, la mortalidad a cinco años puede superar el 70%, acercándose a cifras de patologías oncológicas de peor pronóstico.
Factores que agravan el pronóstico
La cronicidad de la diabetes, la presencia de isquemia vascular, la infección local y un diagnóstico o tratamiento tardío son determinantes en el desenlace. Por eso, la actuación precoz, la educación del paciente y el seguimiento multidisciplinar son elementos críticos para reducir amputaciones y mortalidad.
Diagnóstico integral y liderazgo de enfermería en heridas complejas
Atender sólo la lesión visible no basta. Profesionales especializados insisten en que las heridas complejas requieren una valoración global que detecte factores que impiden la cicatrización y oriente el tratamiento adecuado.

Detrás de una úlcera o de una herida que no cicatriza pueden existir múltiples causas simultáneas:
- Alteraciones de la circulación y procesos isquémicos.
- Edema crónico o insuficiencia venosa.
- Infección local o sistémica.
- Desnutrición, inmovilidad o efectos adversos de fármacos.
- Problemas psicosociales, como ansiedad o falta de adherencia al tratamiento.
En este escenario, las enfermeras desempeñan un papel central: coordinan la atención, realizan valoraciones continuas, aplican tratamientos basados en la evidencia y facilitan derivaciones cuando la evolución no es favorable. La decisión de remitir un caso complejo no debe interpretarse como un fracaso, sino como una decisión de seguridad que puede salvar extremidades y vidas.
Piel envejecida y desgarros: prevención práctica para evitar complicaciones
Más allá de las úlceras vasculares o del pie diabético, hay un problema menos visible pero muy frecuente: los desgarros de la piel en personas mayores (Skin Tears). La piel frágil del anciano se rompe con facilidad y estos eventos suelen estar infrarregistrados, lo que dificulta diseñar estrategias de prevención efectivas.
Las medidas preventivas y de cuidado deben ser sencillas, repetibles y basadas en la evidencia. Entre las acciones que las enfermeras y cuidadores pueden implementar se incluyen:
- Hidratación y nutrición adecuadas: asegurar ingesta calórica y proteica suficiente para favorecer la reparación tisular.
- Revisión de la medicación que pueda alterar la integridad cutánea o la cicatrización.
- Aplicación de emolientes dos veces al día para reparar la barrera cutánea; esto puede reducir la incidencia de desgarros hasta en un 50%.
- Higiene suave: duchas con agua templada, jabones con pH 5,5 y secado cuidadoso.
- Uso de ropa protectora (mangas largas, pantalones y medias de algodón) y evitar joyas que puedan provocar heridas.
- Manipulación segura al movilizar al paciente: acolchados en dispositivos, evitar adhesivos agresivos y técnicas de reposicionamiento adecuadas.
- Adaptación del hogar: eliminar obstáculos, mejorar la iluminación y acolchar superficies duras o esquinas peligrosas.
Qué propone la comunidad científica: cinco prioridades para cambiar la atención
Organizaciones profesionales y expertos han sintetizado medidas clave para mejorar la prevención y el manejo de las heridas. Estas propuestas están orientadas a transformar la práctica clínica y la política sanitaria:
- Atención universal y accesible para todas las personas con heridas, independientemente del lugar de atención.
- Modelos integrales y multidisciplinares que incorporen a enfermería, medicina, podología, nutrición y otros perfiles especializados.
- Dotar de recursos y una organización asistencial adecuada, con unidades y circuitos específicos para heridas complejas.
- Mejorar la información epidemiológica mediante la implantación de registros oficiales que permitan obtener datos fiables sobre incidencia, prevalencia y resultados.
- Reformar la formación de los profesionales sanitarios para potenciar competencias en prevención, diagnóstico y tratamiento de heridas.
El incremento del registro y la medición es especialmente reclamado por las enfermeras, que subrayan la necesidad de contar con un registro oficial en los sistemas informáticos sanitarios para consolidar la prevención como práctica cotidiana y generar evidencia que guíe políticas y protocolos.
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Inés Redondo es una periodista especializada en salud y bienestar. Explica de manera sencilla los avances médicos y comparte consejos prácticos para mejorar la calidad de vida.






