La cuarta edición del Festival Atrium Musicae transformó Cáceres y varios pueblos de la provincia en un mapa de conciertos y experiencias sonoras entre el 28 de enero y el 2 de febrero. Durante seis jornadas, dieciséis propuestas musicales ocuparon iglesias, museos y teatros, trazando un recorrido que combinó música antigua, recitales de piano, improvisación contemporánea y programas vocales de primer nivel.
Organizado por la Fundación Atrio y dirigido por Antonio Moral, el festival apostó por unir intérpretes internacionales con espacios patrimoniales, aprovechando la atmósfera única de cada emplazamiento. El público pudo asistir tanto a momentos íntimos como a grandes hitos corales, siempre en contextos que reforzaban la conexión entre arte, historia y sonido.
Espacios emblemáticos: cómo la arquitectura potenció cada concierto
El itinerario del festival no se limitó a la sala de conciertos habitual: los organizadores situaron los conciertos en lugares que dialogaron con la música. Entre ellos destacaron:
- Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear, con sus volúmenes y galerías como escenario para sesiones de improvisación.
- La concatedral de Cáceres y las iglesias históricas de la provincia, que ofrecieron acústicas y retablos capaces de realzar repertorios sacros y polifónicos.
- El Museo Vostell de Malpartida, cuyo carácter industrial y contemporáneo sirvió de marco para programas de cámara y recitales de gran intensidad expresiva.
- La iglesia de Santiago el Mayor y la de Santa María en Garrovillas, con órganos y retablos que conectan la tradición litúrgica con la ejecución historicista.
Improvisación y fusión: Jorge Pardo en el Helga de Alvear
Una de las propuestas más singulares fue la sesión continua de improvisación que ocupó parte de la tarde en el museo. El saxofonista y flautista Jorge Pardo recorrió salas y pisos, integrando su lenguaje de jazz fusión con ecos de música clásica y repertorios populares. La arquitectura de Emilio Tuñón —un nexo entre la ciudad vieja y la contemporaneidad— creó un recorrido físico y temporal al compás de sus improvisaciones.
Pardo mezcló referencias que iban desde Bach hasta la tradición flamenca, pasando por motivos orientales, mostrando por qué su trayectoria registra colaboraciones con figuras de la talla de Paco de Lucía y Chick Corea. La puesta en escena, móvil y sin divisiones rígidas entre público y artista, ofreció momentos de conexión cercana y sorpresas sonoras.
Diálogos pianísticos: Javier Perianes y la España musical de principios del siglo XX
Un programa pensado para el oído crítico
En el teatro, Javier Perianes cerró una velada con “Diálogos imaginarios”, un programa diseñado para conmemorar el 150º aniversario del nacimiento de Manuel de Falla. La estructura del recital cruzó obras tempranas de Falla con partituras de Chopin y, en la segunda parte, las célebres piezas de Falla se confrontaron con movimientos de la Suite Iberia de Albéniz.
Matices y decisiones interpretativas
El pianista ofreció una lectura elegante y matizada: desde nocturnos y mazurcas hasta la luminosidad de la “Serenata andaluza” y la complejidad rítmica de las piezas ibéricas. Perianes demostró su dominio del fraseo y de la paleta dinámica, construyendo momentos de gran belleza y reservando una propina memorable: la Fantasía Bética, que cerró el programa con gran calado emotivo.
Música sacra en la concatedral: Officium defunctorum de Tomás Luis de Victoria
Una de las citas más inolvidables tuvo lugar en la concatedral, donde Schola Antiqua y El León de Oro ofrecieron el Officium defunctorum de Tomás Luis de Victoria. La obra, compuesta para las exequias de la emperatriz María de Austria en 1605, halló en estas formaciones vocales una interpretación de altísima calidad.
- Schola Antiqua, bajo la dirección de Juan Carlos Asensio, aportó investigación musicológica y rigor en el canto llano.
- El León de Oro, dirigido por Marco Antonio García de Paz, contribuyó con un empaste y una expresividad que completaron la visión dramática del réquiem.
La alternancia entre canto llano y polifonía y la entrada procesional por la nave principal reforzaron la solemnidad de la pieza. La intensidad emocional y el control técnico llevaron a momentos de estremecimiento, subrayados por solos y por pasajes donde la disonancia adquiere un carácter profundamente expresivo.
Órgano histórico y experimentación: Benjamin Alard en Garrovillas
El recital al órgano renacentista de la iglesia de Santa María en Garrovillas permitió escuchar repertorio ibérico junto a obras europeas de autores como Couperin, Blow y Bach. Benjamin Alard desplegó una lectura que realzó la personalidad del instrumento, restaurado en las décadas finales del siglo XX.
En un gesto creativo, Alard incorporó sonatas de Domenico Scarlatti en un órgano con teclado partido y afinación mesotónica, una adaptación arriesgada que requirió la presencia y destreza de un asistente técnico. El programa concluyó con repertorio bachiano, incluida una chacona recientemente atribuida al genio de Leipzig.
Lied y voz: Manuel Walzer y Malcolm Martineau frente a Schubert
Un contratiempo sanitario trastocó el programa de lied previsto, pero la sustitución se resolvió con un recital íntimo: el barítono Manuel Walzer y el pianista Malcolm Martineau presentaron una selección de lieder de Schubert bajo el título “Anhelo”.
La propuesta fue deudora de la introspección: Walzer privilegió el delicado canto en pianissimo, una elección estilística que incidió en la atmósfera de nostalgia y rememoración. Martineau, por su parte, brilló por su acompañamiento atento y su capacidad para marcar contrastes y colores, aportando una lección de acompañamiento pianístico para el género.
Vigilia y música medieval: Schola Antiqua en la concatedral
Las vigilias dedicadas a la Virgen en la concatedral fueron una demostración de cómo la música medieval puede articular narrativas litúrgicas y visuales. Los programas recuperaron repertorios vinculados al retablo mayor y a tradiciones musicales de monasterios como Guadalupe y Yuste, así como códices medievales.
Desde la homofonía transparente hasta las caccias a tres voces, la selección incorporó fuentes que atraviesan varios siglos y geografías. Escuchar estos cantos en una iglesia con retablo renacentista generó una experiencia de intensidad histórica y sonora.
Contrapuntos y contemporáneo: El León de Oro y la mezcla de estilos en Santiago el Mayor
En la iglesia de Santiago el Mayor, El León de Oro presentó un repertorio que puso en diálogo renacimiento, romanticismo y compositores contemporáneos como Arvo Pärt, Eric Whitacre y Lorenzo Donati. La idea de emparejar obras de distintos momentos históricos —a través de procedimientos de contrafacta y retextualización— ofreció degustaciones contrastadas del lenguaje coral.
La formación mostró gran versatilidad estilística, abordando desde el policoral renacentista hasta disonancias contemporáneas con un control tímbrico y expresivo notable. La dirección de Marco Antonio García de Paz subrayó la plasticidad expresiva del coro en repertorios que exigen afinación, color y presencia dramática.
Brunello y la tensión emotiva en el Museo Vostell
El chelista protagonizó un programa que combinó las partituras de Bach con la sonata de Mieczysław Weinberg, una obra cargada de dramatismo y memoria. El contexto del Museo Vostell —antiguo lavadero de lana reconvertido en centro de arte— otorgó al concierto una atmósfera de tensión y contemplación.
La sonata de Weinberg, entre la rabia y la sutileza, exigió un despliegue técnico y expresivo considerable, trasladando al público una sensación de catarsis. Intercaladas con movimientos de Bach, las piezas generaron un contraste entre serenidad barroca y cataclismo moderno, recorrido que el solista afrontó con intensidad y libertad interpretativa.
Artistas, público y territorio: el festival como encuentro cultural
A lo largo de los días se percibió una constante: la convivencia entre programación internacional y patrimonio local funcionó como atractivo tanto para los asistentes como para los propios intérpretes. Algunos artistas se mostraron sorprendidos por la riqueza monumental y humana de la región, preguntándose por qué Cáceres y su entorno no gozan de una mayor proyección exterior.
El festival dejó imágenes de públicos entregados, salas llenas en actos diversos y momentos de diálogo entre intérpretes y espectadores, una fórmula que reforzó la vocation cultural de la Fundación Atrio y puso en valor la capacidad del territorio para albergar proyectos musicales de primer orden.
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Elena Mármol es una periodista apasionada por la cultura y el ocio. Cubre exposiciones, espectáculos, cine y festivales con un enfoque dinámico que invita a los lectores a descubrir nuevas experiencias artísticas.

