En el noroeste de la península, un patrón alimentario tradicional vuelve a ponerse bajo el microscopio: la Dieta Atlántica. Investigadores gallegos han analizado cómo comen hoy los adultos en la provincia de Lugo y han creado una herramienta práctica para medir cuánto se ajustan a ese modelo basado en productos locales y de temporada.
El estudio combina datos de consumo con propuestas metodológicas para cuantificar la **adhesión a la Dieta Atlántica**, abordando tanto las lagunas alimentarias detectadas como la necesidad de criterios claros y comparables para evaluar patrones dietéticos en población general.
Quiénes participaron y cómo se recogió la información
La investigación se llevó a cabo en población adulta sana de la provincia de Lugo. Inicialmente se contactó a 500 personas procedentes de 44 municipios diferentes; tras depurar cuestionarios incompletos o inconsistentes, los análisis finales se realizaron sobre los datos de 456 participantes.
La recogida de datos se apoyó en un cuestionario de frecuencia de consumo (FFQ) ya utilizado por las autoridades sanitarias regionales, que además documenta variables sociodemográficas y hábitos de vida. Esta base permitió comparar la ingesta real con los estándares locales considerados óptimos para la Dieta Atlántica.
Diferencias entre la ingesta real y los valores óptimos
Al confrontar el consumo habitual con los valores de referencia definidos por la Xunta de Galicia, surgieron patrones claros de desviación. En términos generales, hubo una menor presencia de ciertos alimentos clave del patrón atlántico y una mayor exposición a productos ultraprocesados y azucarados.
- Fruta: el consumo medio rondó aproximadamente el 36% del valor considerado óptimo.
- Cereales: la ingesta se situó cerca del 44% del objetivo.
- Pescado y marisco: alcanzaron alrededor del 42% del recomendado.
- Dulces y procesados: mostraron consumos superiores a las recomendaciones y fueron uno de los principales factores que alejan de la Dieta Atlántica.
Además de estas cifras, el análisis puso de manifiesto que verduras, legumbres y lácteos presentan tasas de cumplimiento relativamente mejores, aunque aún con margen de mejora en términos de calidad y cantidad.
Diseño de una escala práctica para medir la adherencia
Con la intención de ofrecer una herramienta operativa, el equipo elaboró la Atlantic Diet Scale (ADS). Esta escala parte de una lista de categorías alimentarias y asigna puntuaciones sencillas para facilitar su uso en estudios poblacionales y en intervenciones comunitarias.
Cómo funciona la ADS
La ADS evalúa 13 grupos de alimentos: fruta, verduras, legumbres, cereales, frutos secos, lácteos, huevos, carne, pescado/marisco, alimentos procesados, dulces, aceites y grasas, y vino. Cada categoría recibe 0 ó 1 punto según si el consumo se encuentra dentro de un rango considerado “realista” alrededor del valor óptimo. La puntuación total oscila entre 0 y 13, donde una cifra más alta indica mayor coincidencia con el patrón atlántico.
Resultados principales al aplicar la escala
La aplicación de la ADS permitió identificar cuáles grupos penalizan más la adherencia:
- Alimentos procesados: fueron la categoría con peor cumplimiento; para obtener puntuación se exige un consumo nulo.
- Frutos secos y pescado/marisco: presentaron también bajísimas tasas de adecuación, a pesar de su relevancia nutricional en la dieta atlántica.
- Verduras, legumbres y lácteos: mostraron las mayores probabilidades de alcanzar los rangos recogidos por la ADS.
Comparación con otros índices y ventajas metodológicas
Los autores pusieron la ADS frente a instrumentos previos como el SEAD Index y el método GGP. Detectaron que algunos enfoques previos podían sobreestimar la adherencia por incluir dimensiones culturales o técnicas culinarias, o por clasificar de forma distinta los grupos de alimentos.
Frente a eso, la ADS se presenta como una alternativa más transparente y fácil de aplicar: su lógica de rangos permite comparaciones entre estudios y poblaciones, y evita ambigüedades sobre qué cuenta como cumplimiento. No obstante, los investigadores reconocen la necesidad de avanzar hacia una mayor estandarización de criterios y sistemas de puntuación entre distintos equipos y regiones.
Implicaciones para políticas públicas y acciones prácticas
El trabajo arroja mensajes relevantes para la salud pública regional. En primer lugar, identifica áreas prioritarias de mejora: aumentar el consumo de fruta, favorecer cereales integrales y elevar el aporte de pescado y marisco. En paralelo, subraya la urgencia de reducir la ingesta de dulces y productos ultraprocesados.
La existencia de una escala clara y aplicable como la ADS facilita varias actuaciones:
- Monitorizar cambios en la dieta a nivel comunitario o escolar.
- Diseñar intervenciones nutricionales con metas cuantificables.
- Comparar resultados entre estudios o regiones al emplear criterios homogéneos.
Al mismo tiempo, poner el foco en alimentos locales y de temporada, centrando campañas en los grupos deficitarios, podría potenciar tanto los beneficios para la salud como la sostenibilidad alimentaria en Galicia y el norte de Portugal.
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Inés Redondo es una periodista especializada en salud y bienestar. Explica de manera sencilla los avances médicos y comparte consejos prácticos para mejorar la calidad de vida.






