Más de tres centenares de miles de personas mayores residen en centros de larga estancia en España, donde la seguridad va más allá de evitar caídas o errores en la medicación: depende de cómo se organiza el trabajo, cómo se comunica el equipo y cómo se aprende de lo que sale mal. Un reciente estudio regional aporta luz sobre qué modelos organizativos favorecen una cultura de seguridad más sólida.
El análisis, desarrollado en residencias públicas asturianas, compara centros de distintos tamaños y describe patrones que pueden orientar decisiones de gestión y políticas sanitarias. A continuación se detallan los hallazgos principales, el método empleado y propuestas prácticas para reforzar la seguridad en el cuidado de personas mayores.
Impacto del tamaño del centro en la cultura de seguridad
El estudio detectó que el tamaño de la residencia influye en la percepción y práctica de la seguridad. Los centros pequeños y medianos muestran mayor cohesión en liderazgo, coordinación y aprendizaje organizativo, mientras que los grandes enfrentan retos que dificultan la integración de la seguridad en la rutina asistencial.

- Mejoras observadas en centros con hasta 200 plazas: mayor cercanía entre dirección y equipos y prácticas más sistemáticas de aprendizaje tras incidentes.
- Centros de más de 200 plazas: complejidad organizativa que se traduce en menor comunicación efectiva y menos seguimiento de las iniciativas de seguridad.
Qué se observó en residencias de mayor tamaño: comunicación y turnos en el punto débil
Las salidas de turno y los relevos en los centros grandes tendían a ser menos estructurados. La investigación señala una fuerte dependencia de la comunicación oral y una menor estandarización en la transferencia de información, lo que incrementa el riesgo de pérdidas de datos relevantes sobre los residentes.

- Relevos caóticos con transmisión principalmente verbal.
- Tensiones interprofesionales y barreras para la comunicación abierta.
- Percepción general más baja sobre el nivel de seguridad ofrecido.
Problemas comunes que atraviesan todos los tamaños: plantilla y transferencias externas
Aunque las carencias son más agudas en los centros grandes, hay deficiencias compartidas por todo el sistema. La dotación de personal fue señalada como insuficiente en casi todos los centros, con puntuaciones bajas en la evaluación de esta dimensión. Además, las transferencias con el ámbito hospitalario mostraron fallas por la fragmentación de registros y la convivencia de soportes digitales y papel.
- Percepción de plantillas insuficientes en los tres grupos de tamaño.
- Problemas en la comunicación con hospitales por sistemas descoordinados y documentación en papel.
Cómo se llevó a cabo la investigación: diseño y alcance
Para aportar una visión robusta, los investigadores combinaron datos cuantitativos y cualitativos. En la fase cuantitativa participaron 700 profesionales que respondieron la versión en español del cuestionario validado sobre cultura de seguridad en residencias, que evalúa 12 dimensiones clave. Según la capacidad, los centros se agruparon en:
- Pequeños: hasta 100 plazas.
- Medianos: entre 101 y 200 plazas.
- Grandes: más de 200 plazas.
La fase cualitativa incluyó seis meses de trabajo de campo, con 418 horas de observación participante y 37 conversaciones informales en cinco centros de distinto tamaño y en los servicios centrales, lo que permitió contrastar percepciones con la práctica cotidiana.
Medidas prácticas para elevar la cultura de seguridad en residencias
A partir de los resultados, se proponen intervenciones dirigidas tanto a centros grandes como a los de menor tamaño. El objetivo es que los grandes centros puedan replicar las ventajas organizativas de los más pequeños sin renunciar a la eficiencia que aportan las economías de escala.
- Establecer protocolos estandarizados para los cambios de turno que incluyan registros escritos o digitales obligatorios.
- Implementar mecanismos sistemáticos de revisión de incidentes con retroalimentación temporal y estructurada (no depender solo de iniciativas individuales).
- Fomentar canales de comunicación abiertos y participativos entre profesionales de diferentes categorías.
- Asignar tiempo concreto en la jornada para que supervisores estén en la práctica cotidiana: acompañamiento, escucha y resolución de problemas.
- Priorizar, cuando sea posible, la creación o el mantenimiento de centros de tamaño pequeño o medio por sus ventajas en integración de seguridad.
Acciones concretas recomendadas para centros grandes
- Digitalizar y unificar los registros clínicos para facilitar transferencias con hospitales y reducir la dependencia del papel.
- Crear equipos de mejora continua con representación de todas las categorías profesionales.
- Establecer indicadores de seguridad y revisiones periódicas que informen decisiones de gestión.
- Diseñar programas de formación centrados en comunicación efectiva y trabajo en equipo.
Limitaciones del estudio y utilidad para la gestión pública
Es importante interpretar los hallazgos con cautela: el estudio se realizó exclusivamente en residencias públicas de una comunidad autónoma y recoge percepciones profesionales que pueden no reflejar todos los matices del funcionamiento institucional. Aun así, la combinación de encuestas y observación aporta evidencia práctica para orientar mejoras en la cultura de seguridad en el cuidado de larga duración, identificando áreas concretas donde intervenir y adaptaciones según el tamaño del centro.
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Inés Redondo es una periodista especializada en salud y bienestar. Explica de manera sencilla los avances médicos y comparte consejos prácticos para mejorar la calidad de vida.






