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Sentimiento rojiblanco… sin líderes

Tiempo de lectura: 3 minutos

Heródoto

El añorado Diego Martínez.

El final de la Liga se acerca y el Granada CF está al borde del abismo. Muy lejos parece haber quedado ya la última edad del oro del equipo de nuestra ciudad, bajo las órdenes del añorado  técnico Diego Martínez.

El fútbol, un deporte generalmente poco refinado, enseña con frecuencia, si miramos con atención, interesantes lecciones vitales. En el fútbol, como en la vida, toda gloria es efímera. Hoy estás arriba y mañana estás en el fondo del pozo. Hoy te chillan los mismos que ayer te aplaudían enfervorizadamente.

Aunque la plantilla de este año sea inferior a la del año pasado y hayan sido baja jugadores esenciales en todas las líneas, no han sido tantas las ausencias como para explicar la irregular campaña y la angustiosa situación en la que el equipo afronta el tramo final de temporada. Eso sí, las bajas de Soldado, Foulquier, Yangel Herrera, Kennedy, Vallejo, Rui Silva… no han sido suplidas por jugadores de parecidas garantías, salvo en el caso del meta luso. Es más, parece claro que la salvación o la “caída a los infiernos” va a estar de nuevo en manos de las “vacas sagradas”, cuyo rendimiento, en la mayoría de los casos, es cada vez más declinante.

Pero, al margen de piezas clave en el tablero de ajedrez, a quien más añoran muchos es al director de la orquesta, al verdadero líder de la plantilla que logró los éxitos de estas tres temporadas anteriores.

Todo grupo humano necesita un verdadero líder, respetado no en razón de su cargo o su poder, sino del valor personal y del conocimiento que de su figura emanan. En estos tiempos de zozobra y miedo que nos tocó vivir, faltan verdaderos líderes, dentro y fuera del campo de juego. El Granada CF adolece de un verdadero líder tanto en la dirección técnica como en la misma cúspide  de gestión del club. A la ciudad le ocurre lo mismo en la Casa Consistorial desde tiempos casi inmemoriales.

Aunque abomino de caudillos, jefes, guías y demás ralea, creo que necesitamos de verdaderos líderes morales en todos los ámbitos de la sociedad. Se trata de gente que no vence, sino que convence. De personas que no imponen, sino que proponen. Que usan sus habilidades para inspirar la confianza interior de cada una de las personas a las que lideran. Que logran que los miembros de su equipo trabajen de manera más motivada y enfocada para lograr, desde el rol de cada uno, la consecución de una meta colectiva.

Creo que, con frecuencia, los responsables deportivos, políticos y sociales de nuestro entorno han carecido de liderazgo moral, coraje, una buena comunicación bidireccional, habilidad para delegar funciones en colaboradores capaces y no en ineptos “enchufados”….

Es necesario hacer el trabajo desde la convicción íntima en lo que se hace, manejando con habilidad las emociones. El verdadero líder, dentro y fuera del campo, debe contribuir a que sus jugadores se sientan unidos en la misma tarea y se apoyen entre ellos, sabiendo cómo reaccionar positivamente, como grupo y como individuos, a cualquier situación que el partido, el escenario público o la vida nos planteen.

Como afirmó hace dos siglos el sexto presidente de los Estados Unidos, John Quincy Adams, “Si tus acciones inspiran a los demás a soñar, aprender y hacer más; eres un líder.”

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