El Diario de Granada

El rubí de la Alhambra de Granada que se engarzó en la corona británica, testigo mudo del funeral de Isabel II

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Esta es la apasionante historia de una joya que formaba parte del tesoro de los nazaríes

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El rubí de la Alhambra de Granada que se engarzó en la corona británica.

M. Zugasti / Granada | 24 de septiembre de 2022

La muerte de Isabel II se ha colado en el día a día de cualquier ciudadano que tuviese a bien abrir sus redes sociales o encender el televisor. Incluso si ha desconectado y ha decidido, por ejemplo, ir al concierto de despedida de Serrat en la Plaza de Toros de Granada, el cantautor no ha dudado en hacer un monólogo sobre la reina, mostrando de forma irónica una gran sorpresa por su fallecimiento. “Dicen que bebía gin tonic, si yo hubiese tenido una familia así habría prescindido de la tónica”. Y en las imágenes del velatorio, además de la polémica por si la reina Letizia se santiguaba o no, la State Imperial Crown, elaborada para la coronación de la reina Victoria, centraba las miradas sobre el féretro. Sobre todo una impactante joya en el frontal, el Rubí del Príncipe Negro, que formaba parte del tesoro real nazarí y que salió de la Alhambra hace siglos para acabar siendo protagonista secundario de las exequias de la monarca.

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El rubí tiene una apasionante historia. Parece que es originario de Birmania, descubierto en las minas de Badakhashan, y a través de la ruta de la seda pasó a Génova y de allí al palacio de la Alhambra para formar parte del tesoro real, como en las película donde el monarca de turno tiene una habitación llena de tesoros, caso de la inmensa El hombre que pudo reinar, de John Huston.

El rey Pedro I el Cruel lo robó en Sevillatras asesinar al usurpador Mohammed VI, El Bermejo, a quien ejecutó sin piedad, como no podía ser de otra forma, según cuenta en sus crónicas Pedro López de Ayala. El Bermejo fue quien la sustrajo de la Alhambra para pagar los favores de un monarca que le pagó con la muerte más ignominiosa.

Cuatro años después, Pedro I de Castilla pidió apoyo al Príncipe de Gales, Eduardo de Plantagenet, para la batalla de Nájera, por lo que recompensó a los mercenarios con un lote de joyas, donde destacaba el rubí salido de la Alhambra, de 170 quilates y 34 gramos.

Ya en manos de la ‘pérfida albión’ la joya se coronó en tiempos de la reina Victoria, cuando el rubí que salió de la Alhambra se engastó en la corona real. De ahí, como testigo mudo y brillante de la historia, pasó por la cabeza de todos los monarcas hasta acabar sobre el féretro de Isabel II en Westminster. Una idea, ¿pedimos a los ingleses que, además de devolver Gibraltar, devuelvan a la Alhambra el rubí?

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