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Un hombre se niega a presentar el pasaporte Covid y acaba siendo detenido tras ser sorprendido conduciendo en estado de embriaguez

Primeros problemas con el pasaporte Covid.

D. G / Granada

Era cuestión de tiempo, de horas, que hubiera problema con alguien que, con algunas o muchas copas de más diera problemas ante la obligación de presentar el pasaporte Covid en bares o antes de entrar a un pub, La madrugada del lunes los responsables de una discoteca tuvieron que llamar a la Policía Local ante la actitud de un hombre que pretendía acceder al interior del local.

No quiso mostrar el certificado Covid, por lo que le negaron la entrada. El señor iba ebrio y se empecinó en entrar. Eran las 2:30 horas y los porteros de la disco empezaban a tener problemas con este señor, que simplemente por su estado de embriaguez ya era motivo suficiente para negarle la entrada. Sí, ir borracho es una de las causas que impiden la entrada y permanencia en el derecho de admisión.

A su llegada, los agentes comprobaron que efectivamente este hombre iba bastante ebrio, por lo que le explicaron los dos motivos por los que no podía acceder al establecimiento: No mostrar el certificado Covid y su estado de evidente intoxicación etílica. El señor atendió a razones y se marchó a regañadientes. La unidad que acudió al lugar continuó patrullando. A los pocos minutos, observaron un todo terreno circular de un modo extraño, así que le dieron el alto.

¿Y quién iba conduciendo? Efectivamente, este señor. En vista de la conducción errática y su estado de ebriedad que comprobaron momentos antes, fue sometido a la prueba de alcoholemia. Los resultados fueron 0,86 y 0,83 mg/l de alcohol en aire espirado.

El conductor fue trasladado a dependencias de atestados y la unidad permaneció esperando la grúa para inmovilizar el vehículo en la zona de plaza Isabel La Católica. Pero no acabó ahí la actuación ya que la Policía Local enlazó con otra de borrachos.

De pronto observaron que de plaza Poeta Luis Rosales venían tres jóvenes dando gritos y bastante ebrios. Tan ebrios que no les vieron. Además de los gritos, empezaron a patear contenedores, cristaleras y el colmo fue que decidieron arrancar plantas de las jardineras.

Su actitud vandálica no fue ignorada. Fueron denunciados por alterar la pacífica convivencia con sus gritos y por causar daños al mobiliario urbano. Una forma de divertirse mediada por el alcohol que tendrá sus consecuencias cuando tengan que pagar las multas.

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