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Luis Miguel Rodríguez Garzón

El extraño caso del ¿político? cordobés que, creyéndose siempre arriba, jamás dejó de estar abajo… porque en ningún sitio dio la talla, ¡osá!.

Cuando me presentaron a Luis Miguel Salvador García hace unos ocho años, ni lo había oído nombrar, ni sabía quién era. ¿Y éste quien es?, pregunté. Me contaron que acababa de dejar a la desesperada su partido de toda la vida; ese PSOE al que tanto le debe y del que salió minutos antes de que “lo salieran”.

Por error irreparable -como quedó demostrado pronto- al poco tiempo fue nombrado por Albert Rivera y el inolvidable Fran Hervías, responsable de Ciudadanos en esta capital y provincia.

Llegó a ser alcalde de Granada gracias a los grandes méritos de otros, incluidas infinitas carambolas que todavía provocan carcajadas y le dejó -con su inolvidable labor- las cosas más fáciles al actual alcalde, porque hacerlo peor es imposible… ¡osá!

Tuvo la suerte de ser votado alcalde como la tiene al que le toca el “perrito piloto” en una tómbola, pero bien caro que le ha costado a Salvador ser agraciado con el cargo, porque con su nulo trabajo, ha alcanzado el mayor descrédito personal que puede lograr alguien dedicado a la política.

Si un alcalde por accidente no está ni remotamente preparado para ejercer como tal en una ciudad de la importancia de Granada, y además una terrible pandemia le impide “venderse” en actos diversos, recepciones, viajes sin límite… como cuando era senador, comidas aquí y allá y fotos a mansalva, su propósito queda en nada. Y así ha terminado: expulsado de su cortijo Ciudadano y como concejal en un grupo cajón de sastre, donde ha sido obsequiado por el PSOE con un “juguete” a la medida de su desmedido ego. Le han puesto una camarita de internet delante de su cráneo perfecto, para qué nuevamente se sienta “mediático” y famosísimo mediante una página web y una plataforma desde la que lucirse. ¡Enhorabuena! Serán miles los seguidores…

Ya se le ha hecho tarde y ha quedado para la labor -perjudicial- de pedir el voto para alguien de Sevilla de quien espera una limosna política del PSOE.

Él, que se vio ministro con Cs, aunque aspiraba a presidente, ¡osá!, ahora se limita a ir contando lo importante que fue; senador, parlamentario nacional, alcalde, concejal … ¿Y qué? Todo ha quedado en nada. Un algodón de feria.

Durante años ha estado dando vueltas en esa noria enloquecida en la que ni él sabía si estaba arriba o abajo, pero eso sí: siempre rodeado de fieles palmeros y aduladores en una especie de secta de los que ya no le quedan ni media docena, ¡osá! quizá 2+2.

Que pare la noria y se baje de ella para siempre.

( “Osá” ( o sea ) es el “palabro” que LS repite obsesivamente en cualquiera de sus largas charlas; esas de las que se sale preguntando ¿y éste que ha dicho? )

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