Advertisement

El Diario de Granada

Todas las noticias de hoy en Diario de Granada

El tiempo - Tutiempo.net

El tiempo en Granada hoy

Buscar

Iconódulos e iconoclastas

Tiempo de lectura: 3 minutos

José Antonio Funes

En el Imperio Bizantino, en torno al siglo VIII, se desató la batalla entre iconódulos (aquellos que defendían el culto a las imágenes) e iconoclastas (quienes lo rechazan). Esta confrontación tuvo más episodios y se ha instalado en el imaginario colectivo como algo que afecta no sólo al hecho religioso, sino que refleja una forma de entender los contactos humanos marcados en el código genético. Somos lo uno y lo otro, aunque al prevalecer nuestro carácter social, tendemos más a crear ídolos que nos conduzcan antes que a exhibir autonomía.

Además del fenómeno religioso, deificamos a referentes en todos los campos en que nos movemos: arte, música, deporte… y también en política. Sin embargo, notamos sustanciales diferencias entre las adhesiones inquebrantables que suele despertar, por ejemplo, la religión, con las fidelidades impostadas que nacen bajo el arco político. Evidentemente no me refiero a la confianza, condición imprescindible en las relaciones porque sin ella no tomaríamos ni un refresco por la sospecha de ser envenenados, sino a la rendición del pensamiento en favor de otro aunque su único mérito sea ocupar una posición relevante en el escalafón orgánico o institucional. Esa credulidad ciega es inconsistente, generalmente interesada, y por eso desaparece en la medida en que se debilita el foco que la motiva.

En religión se es devoto de una Virgen, o Hermano de una cofradía, o se venera a una imagen… a tiempo completo. Es difícil cambiar, porque ahí lo habitual es la permanencia. En política, por el contrario, se pasa de la noche a la mañana de los besos y abrazos apretados a puñaladas inmisericordes; los teléfonos dejan de sonar cuando el puesto que se ocupaba da paso al anonimato, provocado por veredicto de las urnas o por destituciones camufladas muchas veces de renuncias, y ya no hay reserva de sitio, ni atril que recoja discursos, ni aplausos… Se vuelve a ser lo que se había sido y ese ser normalmente es mucho más escuálido. Por eso conviene no perder de vista el ego previo, al que volveremos, y vivir la provisionalidad del ego prestado sin demasiado apego.

Ejemplos para no perder de vista un pasado que siempre nos espera hay muchos. Recientemente lo hemos comprobado en la crisis sufrida por el Partido Popular, pero es fácil descubrirlo en cualquier formación. Circunstancias similares se han producido en Ciudadanos, Podemos, Psoe… Liderazgos que se creían fundamentales desaparecen y con ellos se desvanece una imagen cultivada a golpe de marketing. Muy pocos políticos son los que se convierten en iconos, los llamamos estadistas, manteniendo un cierto halo de prestigio. Lo más habitual es el cainismo que devora como el fuego aparentes construcciones que no son otra cosa sino espectaculares trampantojos.

Curiosamente las grietas y humedades se desencadenan desde los más cercanos. Giulio Andreotti, teniendo como inspirador a Churchill, ya lo advirtió: “En la vida hay amigos, conocidos, adversarios, enemigos y compañeros de partido”. Y nuestro ministro Pío Cabanillas, lo expresó con una metáfora bélica: “Cuerpo a tierra que vienen los nuestros”.

La iconodulia en política es intermitente. Por ello, quienes nos dedicamos en algún momento a esta noble tarea, debemos pasar página pronto de masajes excesivos que nos provocan una falsa sensación de bienestar y seguridad. Los emoticonos complacientes, las portadas en prensa, los retuit compulsivos, los canutazos, etc. son parte que acompañan a egos sostenidos desde un somos pasajero y corremos el peligro de descuidar lo más genuino que nos define y acecha con la inevitable certeza del reencuentro.

Compartir es ❤️

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *