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José Antonio Funes

Nace una nueva publicación digital en Granada para seguir la actualidad y, con ella, arranca también esta columna que les va a acompañar regularmente. Espero que la acogida de ambas sea paralela y el tiempo se detenga un instante ante una iniciativa que comienza con vocación de permanencia.

No son tiempos fáciles para hacerse escuchar en una atmósfera saturada de voces. Jamás hemos tenido tantas fuentes donde beber, pero quizá nunca como ahora hemos estado tan sedientos de conocimiento. Nos sobran letras y nos faltan palabras; nos bambolean con arrobas y emoticones, pero no disfrutamos la mesura del silencio; nos embriagan con sobresaltos comunicativos y abandonamos el análisis que vive más en la pausa que en la vorágine.

Esa será mi intención desde este catalejo: observar, analizar, proponer, discrepar, aplaudir… con una postura antidogmática, sujeta a la crítica, y abierta a miradas que rompan con lo cotidiano o capaces de leer más allá de
lo que las teclas de un ordenador han alumbrado. Quiero animar a pensar, y que deje de ser una osadía romper esquemas, disentir y esbozar alternativas distintas que nazcan del sano ejercicio de la razón, desligándola, si es
posible, de adherencias partidistas y prejuicios que con demasiada frecuencia nos condicionan.

Goya nos muestra en un grabado de los Caprichos que el sueño de la razón produce monstruos. Y es necesario escapar de los esperpentos que nos acechan al descuidar lo genuinamente humano, echándonos en brazos de creencias atávicas, bisutería ideológica y modas sin más valor que el estadístico. El ejercicio de la razón es fruto de una disposición del ánimo, de honestidad argumentativa y esfuerzo intelectual.

Puede ser este un momento propicio para bucear en la hemeroteca de nuestros postulados y descubrir los asideros sobre los que descansan. Es tiempo de alimentar criterios sólidos cuando el río de nuestra historia pierde el cauce que lo ha ido guiando; o quizá sea necesario abrir nuevos senderos si lo anterior se demuestra incapaz de canalizar un caudal tan grande y con tantos imprevistos aguardando. Es momento de aplicar el sapere aude kantiano como rutina en nuestros protocolos

El siempre ha sido así, que se lanza al aire como argumento de autoridad, no significa necesariamente que el hecho que se juzga sea perfecto; el no cambiar jamás de idea puede reflejar la profundidad de nuestros principios pero también la ausencia de los mismos. Esta columna pretende despertar en los posibles lectores miradas diversas, acariciadoras unas veces y desconcertantes otras. Soy consciente de que una vez que se haga mayor el artículo, abandonando su hogar, es propiedad de quienes tengan a bien abrirle puertas. Y ahí puede ser acogido con cariño, protegido, mirado desde la indiferencia o expulsado sin contemplaciones. Ojalá consiga el principal objetivo que le hace nacer: ser leído y mover a la reflexión serena. Ojalá nos sigamos encontrando periódicamente en el ágora digital
con el hormigueo que alimenta las primeras veces de una vida.

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