El Diario de Granada

Divide y vencerás

Tiempo de lectura: 3 minutos

Heródoto

Granada / 21 de junio de 2022

Nunca como ahora estuvo más clara la estrategia de las élites para dominar la sociedad y, particularmente, la mente de sus ciudadanos. Julio César o Napoleón, grandes estrategas militares, usaron esta táctica militar infinidad de veces en los campos de batalla. En el campo de la política, la sociología colectiva y el control social, lleva usándose décadas.

Nos han dividido en izquierdas y derechas, rojos y azules, mujeres y hombres, blancos y negros, homosexuales y heretosexuales, creyentes y ateos, madridistas y barcelonistas, negacionistas y covidianos… Y todo esto, a fin de cuentas, no deja de ser una estrategia perfectamente concebida. La idea es clara: dividiendo y fragmentando cada vez más a la ciudadanía, debilitando a la sociedad civil; se logra que ésta sea tan débil y que se sienta tan indefensa que crea que la solución a sus problemas sólo está en un poder fuerte, representado en un Estado todopoderoso o en una autoridad supranacional que impone un discurso único y una acción aparentemente más eficiente.

En cualquier caso, estos poderosos poderes emergentes, que van en detrimento de los derechos fundamentales del ser humano, siempre tienen una característica común: el ejercicio de un poder coercitivo que unifica a todos. Mediante la propaganda y el miedo, nos convierten en un redil manejable, dócil y agradecido, que incluso es capaz de denunciar y atacar a cualquier disidente que intente saltar el “muro del gueto”.

La historia de la humanidad, particularmente la edad Contemporánea, está llena de ejemplos palmarios de lo que digo. Y, si hablamos de nuestro país, la triste historia de los últimos 200 años está plagada de situaciones de este tipo, que casi siempre tuvieron un final trágico.

Creando disensiones y desconfianza entre nosotros, incluso entre los que presumen de desobedientes y contestatarios, disminuyen las posibilidades de entendimiento entre los ciudadanos de a pie. Así, nuestras posibilidades de éxito se reducen al mínimo.

Cada vez somos más dependientes de lo que deciden los líderes nacionales y transnacionales. Es más, aquellos que van por libre, que intentan ganarse la vida de forma más o menos autónoma, sin recibir dádivas del Sistema, están siendo y van a seguir siendo las primeras víctimas del globalismo totalitario que nos invade.

El Imperio romano, el más eficaz y duradero que ha existido nunca, adoptó esta estrategia política desde sus primeros tiempos. Muchos siglos después, el Imperio británico fue su más aventajado alumno. A veces siento que viajamos en un enorme trasatlántico por las frías aguas del Atlántico norte, en dirección a un enorme iceberg, y que no nos hemos dado cuenta. Seguimos cenando, con una bella música de fondo, mientras a nuestro alrededor se acumulan la pandemia, la guerra, la carestía, el alza de precios, el desempleo, un aumento inexplicable de la mortalidad en toda Europa…

Mientras tanto, discutimos sobre si es Pedro Sánchez o Feijoó el hombre iluminado que nos sacará de esta ciénaga. El problema es que ambos sirven a los mismo amos.

¿Cuál será la próxima emergencia? La trampa se cierra un poco más cada día y pronto será imposible escapar de ella. Cada paso que damos no es hacia la salida, sino para entrar más en la trampa.

Recuerden el cuento de la rana hervida… Una rana saltó un día a una olla de agua hirviendo. Inmediatamente, saltó para escapar de ella. Otro día, esa misma olla estaba llena de agua fría. La rana saltó dentro y nadó tranquila por el agua de la olla. Lo que no sabía es que el agua se iba calentando poco a poco. Así, al poco tiempo, el agua fría se transformó en agua templada, pero la rana se fue acostumbrando. Paulatinamente, aquel que manejaba el mando de la hornilla iba subiendo la temperatura hasta que el agua llegó a estar tan caliente, que la rana murió hervida. Ella no se había dado cuenta, ya que el calor aumentaba de forma gradual y se iba acostumbrando a él.

Ellos nos temen. Se nos acaba el tiempo y demasiados siguen dormidos. Hacerse preguntas y buscar respuestas es una condición humana esencial. Vivimos en tiempos en los que se ha enterrado la discusión y el espíritu crítico, incluso en la investigación científica.

Las expresiones latinas “Divide et vinces”, que encabeza este artículo, o su variante “divide et impera”, son atribuidas a personajes históricos tan sospechosos como Filipo de Macedonia, Julio César o Napoleón Bonaparte. En todo caso, se asegura que el gran teórico político del Renacimiento, Nicolás Maquiavelo, la hizo suya. ¡Uf, miedo me da…!

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