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Concha Insúa.

Concha Insúa | Diputada de Ciudadanos por Granada en el Parlamento de Andalucía

Nadal nos volvió a dar hace poco una lección a todos. No solo por su impresionante e histórica victoria sino por esa capacidad innata de superación que le caracteriza y nos maravilla, por esa persistencia que le lleva a no tirar la toalla por mucho que tenga en contra. Ese conjunto de trabajo, honestidad y sacrificio fue lo que le permitió dar la vuelta al marcador y alzarse con una gesta deportiva inolvidable.

Del mismo modo, salvando las distancias, me gusta pensar que el trabajo de los que nos dedicamos de manera diligente a la política sirve para aportar lo mejor de nuestra trayectoria profesional, lo mejor de nosotros mismos, en beneficio del interés general. Y es que, cuando los representantes de Ciudadanos insistimos en que venimos de la sociedad civil no lo decimos como una ‘coletilla’, sino que esa afirmación reviste una realidad innegable. Yo misma, he llegado ahora, con 52 años, a la política, tras dedicar buena parte de mi vida a emprender en proyectos empresariales y a dedicarme a trabajar por colectivos sociales desfavorecidos. Al contrario de los que han mamado la política desde la juventud y sin otra profesión conocida, yo llegué a la política con los deberes realizados, el ego satisfecho y con ganas de aportar a la sociedad mediante los principios que valoro y aprecio, tanto en el deporte como en cualquier otro ámbito: trabajo, honestidad y sacrificio. Y si la principal herramienta de Nadal es la raqueta, la de los políticos es (o debería ser) la palabra. Y si el principal objetivo de los deportistas es la victoria, el de los políticos es (o debería ser) el compromiso, la verdad.

Precisamente, en las inminentes elecciones de Castilla y León del próximo domingo, el lema de la Ciudadanos es ‘El valor de la palabra’. Esto significa ensalzar la importancia del esfuerzo, las promesas cumplidas y el compromiso. Eso es lo que ha caracterizado la gestión de Paco Igea y su equipo durante estos tiempos tan complicados y eso es lo que debería primar en nuestra clase política en toda España. Y, sin embargo, hemos vivido en nuestras propias carnes excepciones difíciles de olvidar. Situaciones lamentables donde los protagonistas no dudan en mudar la piel como serpientes para adaptarse al medio o a las circunstancias en lo que parece haberse convertido una jungla política en la que todo vale.

Frente a ello no debemos echar los brazos abajo. Es fundamental seguir reivindicando un espacio de centro liberal, tan necesario en un tiempo marcado por los extremos y con personas que de verdad quieren trabajar por sus iguales. Los que no estamos sino que somos de Ciudadanos damos un valor fundamental a la palabra dada. Yo di mi palabra por este ilusionante proyecto y la seguiré manteniendo. Aunque no siempre el que gana es el más honesto, por una vez me gustaría que ganaran los buenos. Como los grandes deportistas, hay que resistir y luchar cuando se tiene el viento a favor pero también cuando vienen las cartas mal dadas. A final de cuentas, no importa tanto un sillón cuando no puedes ni mirarte al espejo. La ciudadanía debe penalizar severamente a quien no cumple con su propia palabra, castigar a los mentirosos y premiar la verdad. Roma no paga traidores y Granada tampoco.

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