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Heródoto

La Navidad es tiempo de celebraciones, pero también de ausencias. Esta festividad ya estaba herida de muerte, desde hace años, por el consumismo y la pérdida del sentido de esta milenaria tradición. Sin embargo, no podemos negar que la pandemia ha acabado de rematarla. ¿Ha muerto la Navidad? Si no es así, poco le falta.

Pese a la carga de añoranza y melancolía que la Navidad va adquiriendo conforme uno se hace mayor y empieza a sentir el peso emocional de las sillas vacías que ya no volverán nunca a estar ocupadas, me sigue pareciendo la fiesta más hermosa y esperanzadora de todas las que se celebran a lo largo del año. Sin duda, mis palabras sonarán a sacrílegas para un cofrade, pero yo prefiero celebrar el nacimiento del niño-Dios, el triunfo de la Luz sobre la oscuridad, la venida de los Magos, el solsticio de invierno, el crimen contra los niños Inocentes…

Navidad es celebrar la vida, la esperanza. Semana Santa, por contra, al menos en nuestro contexto cultural; es una exaltación del dolor, del sufrimiento, de la traición… Todo el tiempo vemos crucificados mostrando el dolor y apenas pasa de puntillas el resucitado. No en vano, nuestras iglesias de rito católico están presididas casi siempre por un hombre que agoniza en la cruz y no por Aquel que venció a la muerte.

Mientras barrunto en mi cabeza ideas y percepciones personales que me cuestionan sobre la realidad pospandémica de las antiguas fiestas de la Navidad y la Epifanía, recibo un duro mazazo personal. Ha muerto un amigo, un Maestro, un Hombre bueno. Dicen que hay personas a las que tratas de continuo y siempre tienes la sensación de que las acabas de conocer, y otras a las que desde el momento en que las conoces sientes como que las conocieras de toda la vida. Para mí, Roberto Feijóo pertenecía a este último grupo. Era un alma grande y bondadosa que hizo mucho bien a muchos. Siempre dije que debemos guardar agradecimiento eterno para aquellos que hicieron el bien a los nuestros. ¡Gracias! Estoy seguro que si, como cuentan algunos, en el momento de la muerte se nos pasa toda nuestra vida por delante, a modo de un rápido repaso; habrás sonreído y te habrás ido satisfecho de lo que hiciste.

Además, te habías estado preparando bien para este último trayecto que todos tenemos que recorrer en un momento u otro. Nos duele su marcha temprana, pocos días antes de concluir este año de la ignominia y la mentira. Sin embargo, algunos creemos que cada ser humano tiene marcado un destino y que “Lo que ha de suceder, sucederá”.

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